Un clima interior adecuado es garantía de bienestar

La mayoría de nosotros pasa gran parte del día en lugares cerrados. Y no solo en invierno: también en los meses de verano estamos muchas horas en casa o en la oficina. Por esta razón, el clima de nuestros espacios interiores es fundamental para que podamos sentirnos a gusto. Pero ¿cómo se define un clima interior adecuado, y qué maneras hay para mejorar la calidad del aire?

a las habitaciones

¿Qué es un clima interior saludable?

Este concepto engloba distintos aspectos que influyen en gran medida sobre el bienestar que experimentamos en el interior de nuestra vivienda u oficina. Uno de estos factores es la temperatura ambiental, a la que se suma la temperatura superficial, es decir, la del suelo, las paredes y los muebles. Otro factor determinante para el bienestar es la luminosidad de las estancias en las que nos encontramos.
 Viene definida por la luz natural que entra y por la temperatura cromática de la iluminación artificial. No hay que olvidar, tampoco, los ruidos del entorno y su mayor o menor intensidad, ya que también deciden si la percepción que tenemos del ambiente es positiva o negativa.

La calidad del aire interior desempeña un papel muy destacado. En ella influyen la humedad del aire y su movimiento, en forma de corrientes. Si el aire contiene sustancias químicas y contaminantes procedentes de los muebles o la moqueta, o si está impregnado de olores desagradables, el resultado será un aire interior de mala calidad.

¿Cómo se sabe que el clima de una estancia es el adecuado?

El hecho de sentirse bien o mal en una estancia siempre es una cuestión subjetiva vinculada a la percepción individual. Sin embargo, también hay parámetros objetivos que sirven de base para determinar la calidad del clima interior. Se trata, en concreto, de la temperatura y la humedad del aire, que pueden medirse fácilmente con un termómetro o un higrómetro.

Las temperaturas aconsejables varían en función de la estancia. En la sala y la cocina, la mayoría de usuarios se encuentran a gusto a temperaturas comprendidas entre 19 y 21 grados centígrados. Para el baño se suele preferir más calor, en torno a los 23 grados. En cambio, por la noche es suficiente con que el dormitorio se encuentre a 16–18 grados. Esta temperatura no debe descender por debajo de los 14–16 grados, ya que la humedad podría condensarse y propiciar la formación de hongos, lo que perjudicaría gravemente la calidad del aire.

Por lo que respecta a la humedad ambiental interior (humidificación del aire en habitaciones/estancias), lo ideal es que el porcentaje de humedad relativa oscile entre el 40 y el 60 %. En invierno, no obstante, es difícil alcanzar estas proporciones, debido a la calefacción y a la escasa ventilación.

¿Cómo se puede mejorar el clima interior?

Muchas veces la calidad del aire mejora tomando medidas simples como ventilar la estancia varias veces al día. Al hacerlo se renueva el aire viciado y se aporta un buen soplo de oxígeno del exterior. Con ello se eliminan olores desagradables y se previene la formación de moho. Una buena ventilación contribuye sustancialmente a mejorar la calidad del aire, sobre todo en invierno. Se recomienda abrir de par en par las ventanas durante un breve espacio de tiempo (entre cinco y diez minutos), en lugar de dejarlas abatidas durante horas.

Otra posibilidad de optimizar el clima interior es poner plantas, que no solo quedan bonitas sino que además favorecen la calidad del aire. Las plantas de hojas grandes como el papiro y algunos helechos desprenden mucha humedad. Otras especies filtran las sustancias contaminantes del aire contribuyendo a depurarlo. Entre ellas destacan la hiedra, la cinta y el ficus.

Junto a la opción vegetal están, cómo no, los humidificadores y los purificadores de aire. El principio de funcionamiento de los humidificadores y purificadores de aire de Venta se basa en la evaporación en frío, el mejor método que hay, y prescinde de esteras y filtros. El aire de la habitación es conducido a través de un ventilador al interior del lavador de aire. En el depósito de agua hay un bloque de placas circulares de estudiado diseño, que se encuentra en constante rotación. Desde la superficie de estas placas se evapora agua higienizada, que se incorpora entonces al aire de la estancia. Al mismo tiempo, estas placas retienen agentes contaminantes como partículas de polvo o polen, las lavan en el agua y las colectan en el lavador de aire.

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